lectura, escuela y familia
Con los libros podemos ser mejores personas, podemos aprender a convivir, nos podemos dar cuenta del error que hemos cometido, podemos aprender a enseñar, a animar a la lectura, nos podemos aficionar, etc.
Otra cuestión muy importante y a la que pocos centros o instituciones le dan la relevancia que debieran es la influencia que tiene el padre/madre/tutor respecto a los hábitos de lectura o no del niño/a.
Por lo que si el niño/a tiene como referente a sus padres y éstos no leen, ellos tampoco leerán. A menos que los padres sepan cómo suscitarles la curiosidad por la lectura, que se podrá convertir en un hábito o en una forma de pasar el tiempo o simplemente se leerá cuando se crea necesario o se precise.
Pero para todo ello también hay que acercar a los padres/madres a la lectura, la cual debería, además, estar enfocada al mejor o más óptimo afrontamiento de problemas que no son capaces de dar respuesta ausada por su falta de habilidades sociales o su desconocimiento en diversos temas.
Todo ellos es una reflexión a una pregunta: por mucho que me animen en clase a leer, si en casa no me lo refuerzan, ¿será positivo? Es decir, ¿qué tiene más influencia en mi decisión, ¿la escuela o la familia?
Sé que todo influye, pero cada persona es un mundo y no todos reaccionamos de la misma manera ante una misma situación.
Como ejemplo nos serviría el caso de Lisa Simpson, una niña que tiene un gran interés por aprender, por la lectura, por el conocimiento, por la música..., pero que se encuentra rodeada de una familia inadecuada para sus aspiraciones, deseos y necesidades. Lo que viene a significar que su familia no le ha condicionado, o le condiciona poco, su desarrollo poersonal. Mientras que en su lado opuesto está su hermano Bart, niño que ha adquirido todo lo que su familia le transmite. Todo lo contrario a su hermana.